Le agarré gusto a visitar a Samo. Es un tipo encantador, muy divertido, amable, me trata como la princesa que soy y además es tan plancha quemada que es prácticamente como tener una amiga nueva. Y lo mismo opina Kaan, porque no me cuestiona para nada que vaya yo sola a meterme en su casa. Conoce a Samo de toda la vida, obviamente confía en él.
Hablamos cosas de chicas, de hecho, de su teñido de cabello nuevo. Estás radiante y rotundo Samuel! El cabello platinado te queda más que bien, le dije. Platinado lo tiene ahora, en real. Aqui en su casa del astral está igual que siempre. En real Samo es más bien tirando a feo, pero en los últimos años ha encontrado su look, bastante gay sí, pero que le favorece. Y ha sacado cuerpazo. Bien que dicen que algunas de rencorosas se ponen más guapas para que el ex vea lo que se está perdiendo. Pues eso, Samo, desde que se había peleado con Kaan se dedicó a producirse más.
Estamos en su cuarto, me está mostrando sus ropas de inspiración africana. La madre de Samo tengo entendido es mexica, y su padre es africano. Me muestra su ropa tan glamorosa y tan wakanda forever. Se saca lo que trae puesto y se la pone. Se la vuelve a sacar y se pone otra cosa. Hace el desfile. Al final se distrae y se queda así a medio vestir. Nos matamos de la risa de tonterías. Me sigue jurando que desciende de los mismísimos mansas de Mali. De Abubakari II específicamente, el que dejó su tierra y se perdió con su flota de barcos en el mar. Eres la princesa Moana pero en hombre y negro, le digo. Hace como que se indigna, pero luego arremete contra mí, me tira sobre su cama. Ataque de cosquillas. Me rindo.
Entonces caigo en cuenta. Estoy sola, echada en la cama de este negro, que está semidesnudo y prácticamente encima de mi. Me da la risa tonta. Me pregunta de que me río. Samuel, jarocho, que desperdicio de oportunidad. Y sin siquiera pensármelo, le doy un pico. Se levanta para mirarme. Y eso que fue?. Nada, ignórame, hay que seguir con los disfraces. Pero ya había sido plantada la semilla del mal. El estaba pensando creo lo mismo que yo. Un sentimiento a caballo entre, las ganas de castigar a Kaan y el morbo de saber que tal es lo que se estaba comiendo.
Y pues resulta, que Samo no es una amiga, ni era tan plancha quemada como parecía, y que Kaan no tenía que haber confiado tanto en él. Ni en mi.


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